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sábado, 12 de mayo de 2012

Mentiras y Política





Si preguntáramos por la calle qué condiciones personales hacen falta para triunfar en política, es probable que muchas personas incluyesen entre ellas la falta de reparos para valerse de la mentira y cierta destreza para el engaño y el disimulo. No pocos mencionarían también que un político ha de tener el descaro necesario para negar lo evidente y mostrarse imperturbable aunque lo cacen en una contradicción manifiesta entre lo que dijo o prometió antes y lo que dice o hace después, o la habilidad suficiente para justificar las razones del viraje y presentarlas siempre como ajenas a su voluntad y responsabilidad.

Muy posiblemente saldría a relucir también la capacidad de esconder lo que en verdad opina o proyecta hacer, velándolo tras una densa nube de cháchara. Se consideraría una condición esencial para el éxito que su discurso político transite siempre por una zona de seguridad, que no rebase la linde del plácido terreno de las generalidades o vaguedades y se recree en las intenciones u objetivos sobre cuya bondad existe un consenso generalizado, esto es, que sus palabras no comporten riesgo alguno, que no le comprometan a nada concreto, ni generen tampoco oposición.

La visión que los ciudadanos tienen de la política es tan descarnada que muchos convendrían en que un político de éxito ha de conducirse con arreglo a lo que Nicolás Maquiavelo dejó escrito en una carta de 1521: "Desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla”. Suprimirían, eso sí, la salvedad inicial, ya que acota la duración de la falsedad.



Que la mentira y el poder caminen cogidos de la mano en las dictaduras parece natural, ya que el control de la información es consustancial a ellas. Los dictadores cuentan con medios para presentar a la población una realidad alternativa, acomodada a sus intereses, y cuyo principal material constructivo es la mentira, la cual adopta tanto la forma de ocultación de hechos, como de su invención. Se genera así una imagen enteramente distorsionada de la realidad, que suplanta a ésta. Además, si la falsedad llega a descubrirse o se extiende la sospecha de ella, las consecuencias para el poder establecido rara vez son graves, dada la mínima capacidad de respuesta de los pueblos oprimidos por un dictador.

Es notorio que la mentira tiende a multiplicarse. En su código genético está grabado de forma indeleble el instinto de reproducción. El riesgo de que una mentira sea descubierta, o su descubrimiento mismo, se conjuran o contrarrestan, respectivamente, mediante otra mentira, conformando una serie que tiende al infinito. Aun así, más llamativa resulta sin duda la notable abundancia de mentiras en la vida política de las democracias. Aunque con imperfecciones y en muy distinto grado según los países, en ellas opera el derecho a la libertad de expresión y suele haber cierta pluralidad informativa, por lo que siempre hay alguna voz que pone en evidencia la mentira, y esa voz tarde o temprano se corre. Por tanto, que la mentira política prolifere también en las democracias no puede tener otra causa última que la falta de reacción ante ella por parte de los ciudadanos, una tácita admisión o tolerancia de la misma.

Esa relativa aceptación de las mentiras de los políticos se debe, a mi juicio, principalmente a tres causas. En primer lugar, hay un componente ético. Bastantes personas consideran que mentir es natural y hasta lícito, piensan que el logro de determinados objetivos lo legitima, máxime si lo que está en juego es llegar al poder o mantenerse en él ("el fin justifica los medios"). En segundo lugar, los ciudadanos quieren ilusionarse con algún proyecto político, tener la esperanza de un futuro mejor, y en época de elecciones adoptan una predisposición favorable a la credulidad. Frecuentemente votan a los políticos que más y mayores promesas hacen. Ese mecanismo de estímulo-respuesta, que anuda el voto a la mentira en las democracias, es el germen de la mentira política por excelencia: la promesa electoral incumplida. Por último, la extensión y proliferación del uso de la mentira entre los políticos de diverso signo conlleva que también aquellas personas a las que la mentira les resulta éticamente reprobable, y hasta les indigna, reaccionen escasamente ante ella. Participan de la resignada convicción de que la sinceridad y el cumplimiento de la palabra dada no tienen cabida en el vademécum de los políticos y que a ese respecto "todos son iguales".

El precipitado lógico de todo ello es que la mentira seguirá abundando en la política, ya que mentir suele salirle prácticamente gratis al político, y presenta por el contrario claras ventajas, tanto para el logro del poder como para su conservación.     


sábado, 11 de febrero de 2012

Manuel Fraga Iribarne. Una hipótesis sobre su fuero interno.

Un apunte sobre Manuel Fraga Iribarne con especial hincapié en la formulación de algunas hipótesis sobre los sentimientos y pensamientos más íntimos que pudo albergar. Un "esbozo conjetural" de lo que pudo pensar sobre su vida y su carrera política. Una dicotomía que, según la escribo, encuentro ficticia, pues pienso que para él se trató de una unidad indisoluble, como también pensaba que lo es España.


La muerte de alguien tan relevante en la vida pública española de los últimos cincuenta años como fue Manuel Fraga Iribarne (Villalba, Lugo, 1922 - Madrid 2012), para muchos “Don Manuel”, mueve a hacer balance de su papel en la política española y de su persona, en general. No pretendo hacer aquí un repaso detallado de su trayectoria, a lo que se han dedicado los medios en las últimas semanas, con artículos muy completos. Quiero tan sólo dejar un apunte sobre su figura y un esbozo conjetural de algunos de los sentimientos que pudo albergar.

A mi modo de ver, Fraga fue ante todo un zoon politikon, un “animal político”, alguien que experimentó con singular fuerza la vocación política, que se sintió llamado a eso que se llama vagamente “la cosa pública”, “a servir al Estado”, idea esta última ya caída en desuso, tanto para bien como para mal, pues considero que ese concepto es ambivalente. Dotado de una gran inteligencia, por lo menos académica, de excepcional memoria y de muchísima determinación para muchos excesiva incluso, se preparó a conciencia para ello y, empujado por la ambición y esa descomunal energía que tuvo siempre, llegó siendo aún bastante joven al cargo de ministro de Información y Turismo con Franco. Pienso que de haber pervivido la Segunda República habría sido republicano, o al menos se habría mostrado como tal, o de haber llegado a la política bajo una monarquía parlamentaria probablemente la forma de organización política que prefería, un convencido monárquico. Por encima de todo le guiaba el deseo de hacer carrera política, en el mejor sentido de esa hoy denostada expresión, de ejercer poder, de regir, participar o influir en el destino de España otra fórmula que suena arcaica, pero que presumo estaba en su mente, de impulsar su desarrollo y modernización.

Probablemente coincidía con algunos valores del franquismo como, por ejemplo, en su moral tradicionalista y católica, aunque dentro de las limitaciones del régimen cabía calificarlo de aperturista y no incurrió nunca en extremismos religiosos y morales como los del Opus Dei, organización muy influyente durante parte de su carrera política. Se alejó siempre de los postulados de los sectores más inmovilistas del franquismo y, ya fuera por auténtica convicción democrática o por sentido de la realidad y la supervivencia política, contribuyó a la reinstauración de la democracia en España.

Mi impresión es que ante todo Fraga se adaptó al medio político que “tocaba”, a “lo que había” al llegar a la edad adulta, como probablemente lo siguió guiando el instinto de supervivencia política en sus diversas adaptaciones posteriores, entre las que me permito destacar su tránsito en pocos años de político reacio al Estado de las Autonomías a adalid de estas, cuando la evidencia de que él no era el candidato de la derecha capaz de ganarle unas elecciones a Felipe González lo llevó de vuelta a Galicia, de cuya Xunta fue presidente entre 1990 y 2005.

Probablemente, el episodio más oscuro de su trayectoria sean los sucesos de Vitoria en marzo de 1976 “en los que se produjo el enfrentamiento de la Policía Armada con trabajadores que realizaban unas jornadas de huelga y que se refugiaron en la Iglesia de San Francisco de Asís en el barrio de Zaramaga, con el resultado de la muerte de 5 de ellos”, siendo Fraga Ministro de la Gobernación1.

Fraga les resultaba intimidatorio a muchos votantes, les asustaba. Y también para muchos estaba inhabilitado por su pasado franquista, aunque esa circunstancia se les perdonara a otros políticos centrales en la transición, sin ir más lejos al propio Adolfo Suárez.

Con Fraga se extingue una generación de políticos españoles a cuyo lado los actuales resultan prácticamente todos insignificantes, insulsos, anodinos, unos “mindundis”. A mi personalmente los actuales me parecen por lo general fríos y excesivamente calculadores, cortos de miras, demasiado apegados a cuestiones secundarias. No obstante, cada época produce personas diferentes y los de ahora son tiempos distintos, de cambios menores en la política, para nada comparables a momentos tan intensos y decisivos en la historia de España como los de la transición, en que había tantas decisiones importantes que tomar, había optar por senderos que se bifurcaban o se multiplicaban incluso, sin perjuicio de que la gravedad de la actual crisis económica nos esté situando ahora ante otra encrucijada relevante; pero aún así no es para nada comparable.

La sólida formación académica de Manuel Fraga, la extensión e intensidad de su dedicación a la política, su pasión por esta, su sentido de estar al servicio del Estado, por muy anticuado que nos suene hoy día, así como que no ambicionase el enriquecimiento personal, creo que lo sitúan en un escalón muy superior al que ocupan casi todos los políticos actuales. De muchos de éstos pienso que también habrían sido franquistas o, por ser más exactos, que habrían participado en dicho régimen dictatorial de haber llegado a la edad adulta con Franco en el poder, aunque alardeen de convicciones democráticas (bastantes se han construido un pasado ficticio de valerosa oposición al “caudillo”) y se prodiguen en pronunciar tópicos sobre la democracia, descubriéndonos el Mediterráneo.

Fraga fue un político genuino, espontáneo, completamente alejado de la mercadotecnia, que no repetía lugares comunes, al que “le cabía el Estado en la cabeza”, como dijo Felipe González de él, probablemente con calculada estrategia en ese halago, del mismo modo que lo nombró pomposamente “Jefe de la Oposición”, pero destacando a fin de cuentas una característica de Fraga. Fue un político que decía lo que pensaba, alguien absolutamente refractario a esa autocensura uniformadora y esclerotizante del pensamiento que ha venido en llamarse “lo políticamente correcto”.

Algunas de sus ideas se habían ido quedando anticuadas, trasnochadas, muy alejadas del modo de pensar de la mayor parte de la ciudadanía, lo mismo que algunas de sus formas; pero tenían la virtud de que eran suyas, no aconsejadas por asesores de imagen o por las encuestas. También era muy suya esa manera atropellada de expresarse, su vehemencia en la defensa de sus ideas y principios y bien porque ni siquiera admitiera rebajarse a la condición de arcilla moldeable, bien porque le resultara imposible cambiar, se mostraba públicamente tal y como era y no como supuestamente hubiera debido hacerlo para conseguir más votos, aunque tenerlos los tuvo y muchos, sobre todo en Galicia.

Le eran también consustanciales a Manuel Fraga las explosiones del carácter, los arrebatos, la impulsividad y dicen que muchos de sus colaboradores le tenían miedo, aparte de que les hacía trabajar mucho. Al mismo tiempo hay quienes han destacado su lado sensible, su emotividad, su sentido del humor y su cortesía en el trato personal.

A buen seguro, Fraga debió padecer durante años esa forma de sufrimiento que produce la soberbia cuando alguien se siente de veras más que otros y ve que sin embargo lo superan en realizaciones, en logros concretos, en resultados; otros que son preferidos por quien decide, ya sea una persona concreta, ya esa masa difusa denominada, hasta hace no mucho, “el pueblo” y, más recientemente, “el electorado”, “los votantes”. Debió resultarle particularmente doloroso que una medianía intelectual, alguien de trayectoria mucho menos brillante, como Adolfo Suárez, aunque tuviera muchas otras virtudes, fuera el elegido para encabezar el gobierno que sucedió al de Carlos Arias Navarro y que dirigió la transición a la democracia. A menudo los listos, los astutos, los que están más abiertos a los demás, los que son más dúctiles a las circunstancias prevalecen sobre los inteligentes. Bastantes de éstos están más encerrados en sí mismos y algunos de ellos se empeñan con cierta terquedad en imponer sus puntos de vista, convicciones y preferencias, esperan que los demás admitan su autoridad a la vista de sus méritos y capacidades y les cuesta encajar que la realidad no se pliegue a sus deseos, les cuesta mucho más adaptarse a ella que a los simplemente listos o astutos. Pienso que en Fraga había algo de esos rasgos frecuentes en los que tienen un alto coeficiente intelectual o una gran inteligencia académica.

Es más que probable que durante años Fraga experimentara una honda frustración al ir dándose cuenta de que jamás sería presidente del gobierno de España, aunque más adelante tuviera la satisfacción de ser profeta en su tierra y de ver a su criatura política, al Partido Popular su aportación más sobresaliente y duradera a la política española, junto con el hecho histórico de ser uno de los redactores de la Constitución de 1978gobernar durante dos legislaturas (1996-2004) y haya llegado a ver en sus últimos días su vuelta al poder. Aunque barrunto que esa frustración se habrá visto paliada por su personalidad, por pertenecer a esa clase de personas que siempre encuentran objetivos y estímulos en su vida, actividades y tareas sobre las que volcar toda su energía y aptitudes.

Pero a pesar de haber sido uno de los actores principales de la escena político española durante bastantes décadas, probablemente le acompañó siempre la idea lacerante de no haber llegado hasta donde le correspondía, así como la convicción de que el pueblo español se equivocaba al no darle mayor confianza y de que él habría gobernado mejor que los que fueron elegidos por los votantes.

Posiblemente Manuel Fraga murió con mucha complacencia por la vasta tarea realizada, satisfecho íntimamente de sí mismo por el ingente esfuerzo desplegado, por la intensidad con que vivió, por haberse bebido la vida a grandes tragos y apurando hasta la última gota; pero también con la pena de no haber tenido la oportunidad, siempre anhelada, de ser presidente del gobierno de España. Quizás también pensara con amarga nostalgia, como les ocurre a casi todos los que se vuelcan completamente en lo profesional y más aún en lo público, que no disfrutó lo suficiente de su vida familiar, que su mujer y sus hijos fueron injusta e incluso egoístamente preteridos por su vocación, su ambición y su dedicación políticas.

1Wikipedia

jueves, 26 de enero de 2012

Un apunte sobre el nacionalismo catalán

Mi visión personal y a vuela pluma sobre el nacionalismo catalán, con alguna referencia tangencial al vasco. No pasa de ser un apunte y, como se decía en los dictámenes jurídicos hasta hace no muchos años, lo "someto gustoso a cualquier otro parecer mejor fundado"; pero ahí lo dejo, en la inmensa galaxia cibernética, "to whom it may concern".

Hace ya algunos meses, demasiados incluso, un amigo muy querido me envió un artículo de Alfonso Ussía, que llevaba por título "El Niño Oriol", y en el que el satírico columnista y escritor glosaba una comida con la familia Pujol. Su lectura me hizo pensar, otra vez, en el nacionalismo catalán, un tema recurrente en la vida española (y lo que nos queda) y que, por razones biográficas, familiares y, en consecuencia, también afectivas, me concierne especialmente. Y, a raíz de ello, lo que empezó siendo un correo electrónico se convirtió en un borrador de artículo que hoy he terminado.Un correo que empezaba así. 


Divertido artículo de Ussía, sí, aunque dudo de la autenticidad íntegra de la anécdota de la comida. Parece más bien una exageración cómica, una ficción a partir de algún elemento real. Por ejemplo, o "verbi gratia" que dicen los más cursis, puede ser tan sólo que el jamón se lo pusieran los emperifollados camareros más a mano al meu amic y Molt Honorable Jordi Pujol y que aquel, presa de una torrencial e incontrolable segregación de jugos gástricos, a la vista y aroma de un excelente y españolísimo jamón serrano –quizá de Jabugo, es decir, de la "atrasada y holgazana Andalucía" o de Guijuelo, de la "cerril y montaraz" Castilla, la del pelo de la Dehesa, por más señas–, se llevara, sin apenas darse cuenta de ello, la parte del león.

Mas todo es posible. Bonita, aunque arcaizante, conjunción adversativa la del apellido del "Rey Arturo de Cataluña". La quitaron del Padre Nuestro hace unos años y la sustituyeron por la vulgar conjunción copulativa "y" ("y líbranos, Señor, del mal"). De cualquier modo, todas nuestras "denuncias" son inútiles, aunque sean muy loables moralmente, más que nada por las tergiversaciones, falsedades, adulteraciones históricas, mixtificaciones, mentiras e hipocresías que abundan en el sustrato ideológico de los nacionalistas vascos y catalanes. Querer ser independiente es de todo punto legítimo; pero engañar no lo es. Y dejarse engañarse por pereza, comodidad, pusilanimidad, beneficio económico o un sentimiento tribal de pertenencia a un clan supuestamente amenazado por un enemigo exterior, tampoco lo es.


Sin embargo, ambos movimientos políticos se vienen llevando el agua a su molino desde hace ya 30 años y seguirán haciéndolo. Su estrategia es demoledora. Resultan con frecuencia decisivos para la formación de mayorías estables en las Cortes, favorecidos por una ley electoral que prima la concentración geográfica del voto. Aparte, con el control absoluto de la educación, de las televisiones autonómicas y de las licencias de las emisoras de radio, vienen formando conciencias a su antojo y tienen, por ello, ganada la batalla ideológica en el largo plazo, como ya se va viendo.

Añádase una innegable base previa histórica de sentimiento nacionalista en una parte de la población de esos territorios y que la mayoría de sus habitantes, como ocurre en todas partes, se deja llevar. Ni tiene energías, ni tiempo, ni, en bastantes casos, capacidad para formarse un sentido crítico y alcanzar ideas propias (como pasa en todas partes, por supuesto). Hay que informarse pluralmente, leer, pensar y ser valiente para tener unas ideas que vayan a contracorriente de un discurso oficial tan machaconamente reiterado y tan eficazmente instrumentado. Resulta agotador vivir todo el día alerta y defendiéndose de la inoculación del virus nacionalista. Y someter el discurso dominante a un constante ejercicio de duda metódica, y no digamos llegar a la conclusión, y mantenerse en ella, de su error o falsedad, ha de generar una sensación de alienación y extrañamiento difcícilmente tolerables (quien esté en esa situación debe acabar sintiéndose como el protagonista de la película "El Show de Truman" cuando descubrió que su vida entera era un simulacro de vida, un mundo de ficción creado para ser retransmitido por televisión). Es muy incómodo y, en muchas esferas controladas por el poder, económicamente ruinoso y garantía de marginación. Un suicidio social, en definitiva.

Además, el nacionalismo catalán es rentable económicamente, vive en estado permanente de demanda de fondos, siempre esgrime un supuesto maltrato económico porque Cataluña aporta a la Hacienda de la Administración General del Estado más de lo que recibe, como también les pasa a otras Comunidades Autónomas y, en un manifiesto ejercicio de cinismo, muchos políticos nacionalistas catalanes sostienen que sus reivindicaciones no se oponen a la solidaridad interterritorial que proclama nuestra Constitución y, con frecuencia, arañan algo.

Algunos pocos vascos o catalanes destacados, como Albert Boadella, Juanjo Puigcorbé, Arcadi Espada, Jon Juaristi, Rosa Díez o Nicolás Redondo (hijo) y una pequeña parte de la ciudadanía, algunos actuando incluso de forma heroica, se han atrevido a discrepar del credo nacionalista imperante, muchas veces simplemente a reclamar el respeto de la Constitución y las leyes, y una parte de ellos lo han pagado muy caro, con la marginación profesional y social, la consideración pública de renegados, de traidores a la causa, hasta verse forzados al destierro y ser considerados después como una suerte de marionetas al servicio del centralismo, personas que le bailan el agua a "Madrit", "ninots" que el españolismo más recalcitrante exhibe como prueba de la existencia de una especie de dictadura encubierta del nacionalismo, de la ausencia de una verdadera libertad de pensamiento y opinión.

Por otra parte, no se puede negar que el nacionalismo catalán también es fomentado desde fuera de Cataluña, puesto que existe, desde hace muchísimo tiempo, un cierto prejuicio hacia los catalanes en otras partes de España, a los que se atribuyen rasgos negativos y absolutamente tópicos como el ser tacaños, antipáticos, egoístas o interesados. También el terrorismo de ETA ha causado profundos daños en el afecto del resto de los españoles hacia los vascos, al menos, la duda de si este o aquel serán de los vascos que están a favor o en contra de ETA. 


El españolismo rancio y furibundo, el de los que quisieran ver prácticamente proscrito el uso del catalán y del eusquera y esgrimen beligerantes la rojigualda como una enseña que excluye en lugar de incluir, también contribuye de manera no desdeñable a reforzar el sentimiento separatista de bastantes vascos y catalanes. El españolismo atrabiliario y asilvestrado de quienes les gritan en los estadios a los jugadores de los equipos vascos o catalanes "no son españoles, son hijos de puta". El españolismo populachero y hortera de quienes cuando les ganan se ponen a entonar la melodía con ritmo de pasodoble del "Que viva España" de Manolo Escobar. Ese comportamiento salvaje y absurdo que, contra la lógica más elemental, afirma que vascos y catalanes no son españoles y, al mismo tiempo, quieren que lo sean y lo sientan y que para "estimularles" a ello los embadurna con los insultos más groseros y primarios. Pero, en fin, el odio visceral que con frecuencia tiene asiento en los estadios de fútbol no usa los mismos circuitos cerebrales que el pensamiento racional, lo mismo en el Nou Camp que en el Bernabéu o en el Carlos Belmonte (el estadio del Albacete Balompié), por citar un ejemplo cualquiera.

Hablar del nacionalismo catalán con muchos catalanes es meterse en un terreno donde las susceptibilidades están a flor de piel y, con frecuencia, se percibe una reacción defensiva visceral que impide todo debate sereno. Algunos llegan a negar las evidencias más absolutas como, por ejemplo, el papel totalmente residual del castellano en la enseñanza escolar, convertido en una asignatura más, como el inglés o las matemáticas, para acto seguido defender que el castellano lo aprenden fuera de la escuela, por otros medios. Y, en efecto, los niños educados bajo ese sistema hablan el castellano, muchas veces bastante mal, pero lo hablan y lo entienden. Uno se pregunta cómo lo leen y lo escriben, facetas esenciales para poseer de verdad un idioma y que difícilmente se adquieren fuera de la escuela. 


La defensa frente a la denuncia de esa grave deficiencia del modelo educativo catalán de "inmersión lingüística" la hizo el propio Artur Mas refiriéndose a que también en otras comunidades autónomas no bilingües muchos alumnos hablan, leen y escriben mal el castellano. El President demostró tener muy pocas aspiraciones para los alumnos catalanes y olvidó aquello tan sabido de "mal de muchos, consuelo de tontos".


También se percibe la reacción de rechazo a la injerencia. "Esto es cosa nuestra" y "vosotros" no sois nadie para decirnos a los catalanes lo que tenemos que hacer. Una traslación del lema abortista "nosotras parimos, nosotras decidimos" al terreno de la integración o separación de Cataluña y el resto de España. La respuesta irritada que produce el que alguien se meta a tratar de gobernar nuestras vidas. Pero tampoco se respeta mucho a los catalanes que discrepan, a los que se apartan del dogma nacionalista y han sido innumerables los casos en que ha habido acoso, insultos y hasta agresiones a quienes han defendido públicamente la españolidad de Cataluña. Se minimiza el hecho, se imputa a los radicales que hay en todas partes ("the lunatic fringe", "el fleco demencial", según traducción de Julián Marías) y se mira para otra parte.


Cataluña tiene muchas cosas admirables. Por citar una de ahora mismo, aunque elemental, tiene al Barça en el cenit de su historia. Un equipo que ha maravillado al mundo con su juego exquisito, un club basado en la cantera, que ha sido clave en que la selección española haya sido campeona del mundo, un equipo que se muestra humilde en la victoria, unido como una piña, premiado en diversas ocasiones por su juego limpio, dirigido por una persona mesurada, serena e inteligente y, a la vez, apasionada, como es Josep Guardiola, cuya actitud ejemplar está contraste diario con la de otro famoso entrenador ibérico "de cuyo nombre no quiero acordarme". Guardiola es un entrenador capaz de actos de tanta calidad humana y tan inusitados en el fútbol super-profesionalizado e hiper-mercantilizado de hoy día como el de alinear al portero suplente, Pinto, en la Copa del Rey para que también tenga la oportunidad de jugar con cierta regularidad, lo mismo ante el Hospitalet que ante el Real Madrid y en la mismísima final del año pasado en Valencia, aun sabiendo a ciencia cierta que la mejor opción, con criterios puramente utilitaristas o prácticos, es alinear a Víctor Valdés. Una persona que contribuye a la concordia y al civismo frente a la permanente siembra de cizaña del colega al que no quiero nombrar.


En fin, me consta que sin siquiera salir del círculo de personas muy allegadas, las hay que  discrepan totalmente de mi visión del fenómeno del nacionalismo catalán. Creen que quienes así pensamos vemos fantasmas, que nos hacemos la idea de un ogro terrible que no lo es tal. A la vista de las reacciones que he observado al tratar este tema con familiares, amigos, conocidos e interlocutores casuales, pienso incluso que hasta pueden soliviantarse al leer algunos fragmentos de este artículo. Pero si escribo sobre este tema es porque Cataluña me importa y me produce tristeza y me parece un error la deriva nacionalista que tomó hace ya algún tiempo, en la que sigue avanzando y a la que, con distintos grados de compromiso, se ha unido la casi totalidad del espectro político catalán, a medida que se da el relevo generacional y los nuevos políticos han crecido ya en un ecosistema en el que impera, cual monarca absoluto, el "dogma" de la nación catalana y la negación de la pertenencia de Cataluña a la nación española, cuya existencia llega incluso a negarse por algunos.


Esta exaltación nacionalista, muy aldeana y sumamente autocomplaciente, supone una limitación radical de las posibilidades de Cataluña, la está aislando por las barreras de todo tipo que conlleva, está consumiendo buena parte de las energías de los catalanes y es el carro al que se sube la ambición desmedida de muchos políticos ramplones, de muy cortas miras y a los que sirve de señuelo para que muchos aprieten las filas en torno a ellos acríticamente.


Nota del 18 de marzo de 2012. Busco en Google quién es Félix de Azúa, tras leer un artículo suyo en El País que nada tiene que ver con el nacionalismo catalán y me encuentro con que este poeta, novelista y ensayista catalán, también se larga de Cataluña, harto del "monólogo del nacionalismo catalán" y del odio al castellano. Se niega a que su futura hija sea educada en ese ambiente.

Félix de Azúa, otro exiliado del totalitarismo del nacionalismo catalán

El nacionalismo es la peor construcción del hombre" (Mario Vargas Llosa)

domingo, 8 de enero de 2012

Las mentiras de los políticos, la corrupción y el fraude fiscal (a propósito de la promesa de Rajoy de que no subiría los impuestos).

Algunas reflexiones sobre el recurso a la mentira en la política y su habitual impunidad, al hilo de las promesas incumplidas de Mariano Rajoy de que no subiría los impuestos. Trato también la aceptación social de la mentira y expongo algunas ideas sobre la corrupción y el fraude fiscal en España.


La mentira, moneda común en la política y su impunidad

Donde dije digo, digo Diego. Prometer una cosa y hacer justo la contraria. Mentir, por concentrarlo todo en un verbo que por estas tierras meridionales se conjuga constantemente y con total impunidad, sin reproche social. Los latinos tenemos, sin duda, otras virtudes; pero la de no recurrir a la mentira no es nuestro fuerte. Aquí el embuste, la pillería y la picaresca no tienen mala prensa. Son percibidas por muchos más como virtudes que como defectos. Por supuesto que en esta parte del mundo también hay personas que no mienten (o que mienten poco); pero es notorio que en España la mentira, incluida la del subgénero político, es admitida y tolerada como lo más natural del mundo. Rara vez recibe el rechazo y castigo que merecería. Evidentemente, la mentira es una realidad universal, pero la docilidad y naturalidad con la que son encajadas las mentiras más notorias de nuestros políticos por el pueblo español es escandalosa. Mentir sale gratis y eso, claro, fomenta que el que recurre a ello reincida en valerse de las mentiras indefinidamente, en vista de que mentir le sale gratis.

Todos sabemos que en tiempos de elecciones se prometen muchas cosas que difícilmente podrán ser cumplidas, del mismo modo que todo vendedor exagera los méritos de su mercancía. Y por si algún despistado no lo sabía, el Viejo Profesor, Enrique Tierno Galván, aquel memorable Alcalde de Madrid, cuyo entierro congregó al pueblo de Madrid como nada lo ha hecho en los cerca de 40 años que llevo viviendo en esta ciudad, nos lo dejó bien claro: "las promesas electorales están hechas para no ser cumplidas". Eso dicen que dijo en alguna ocasión, pero quizá también eso sea mentira…

En todo caso, hay mentiras y mentiras o, por lo menos, maneras disimuladas de hacerlo y otras toscas o evidentes. Una cosa es prometer algo que el tiempo va dejando en el olvido o que las circunstancias sobrevenidas hacen muy difícil o imposible de llevar a cabo y otra es prometer algo rotundamente y cuyo cumplimiento depende, además, del que lo promete y, al día siguiente, en plan si te he visto no me acuerdo, hacer exactamente lo contrario.

Normalmente la mentira política nos la edulcoran antes de hacernosla tragar, del mismo modo que el mal sabor de los jarabes es disimulado con sustancias químicas o se aplica anestesia antes de una cirugía. Las técnicas para hacer más tolerable la mentira política son de lo más variado y no es del caso entrar ahora en el análisis de esa faceta ruin de la política. En ello también tiene responsabilidad el electorado, por no castigar a quien miente y porque desea ser embaucado con promesas inalcanzables, creer en un superhombre que le va a solucionar todos sus problemas. El paradigma de la historia reciente son las desmesuradas expectativas que desató la elección de Barack Obama como Presidente de los EE.UU. de América.


Las mentiras de Rajoy sobre la subida de impuestos

Mariano Rajoy jura su cargo ante los Reyes. | Ángel Díaz | Efe

Foto: Ángel Díaz - Agencia EFE
«Hay que seguir bajando los impuestos para ganar recaudación»
(16 de noviembre de 2011, cuatro días antes de las elecciones)

«No quiero subirlos, eso va contra la inversión y el consumo»
(19 de diciembre de 2011, durante el debate de investidura).

Fuente: “20 Minutos”, martes 3 de enero de 2012.

Como puede verse, el mensaje sufrió un cambio sutil entre la campaña electoral y el debate de investidura, esto es, antes de necesitar el voto de los ciudadanos y después, ya desaparecida esa necesidad y cuando tenía, además, asegurada ya la investidura como Presidente del Gobierno, al disponer el PP de mayoría absoluta. Primero hizo una defensa tajante de la bajada de impuestos y después pronunció un mucho menos vehemente y comprometedor  "no quiero subirlos". Es decir, que el Rajoy ya ganador de las elecciones simplemente afirmaba que no quería hacerlo, no que no fuese a hacerlo. Nos advertía sutilmente de una posible subida de impuestos en contra de su voluntad. Yo no quiero, pero... las circunstancias podrían obligarme a ello, podría no quedarme otro remedio, a consecuencia de la mala gestión del gobierno saliente.

Pese a esa modulación de sus palabras, la subida de impuestos de Rajoy se sitúa en flagrante contradicción con las promesas formuladas por él mismo muy poco antes, tanto durante en la campaña electoral como en el debate de investidura, al menos con la manera recta y honesta de interpretar lo que dijo desde la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados. Es una mentira política que nos ha sido impuesta ipso facto, recién aterrizado el Gobierno y, como quien dice, cogiendo desprevenida a la población y aprovechándose del período de gracia inicial que suele tener todo Gobierno. La mentira ha sido administrada sin el más mínimo disimulo, ni cuidado. Ni un poquito de vaselina nos han dado. Cucharada de aceite de hígado de bacalao al gaznate y aguantar toca su horrible sabor. Apenas ha empleado nuestro nuevo Presidente unas pequeñas argucias que no engañan ni a un niño de lo que antes se llamaban "parvulitos". De una parte, se ha escudado en que el déficit del Estado era dos puntos porcentuales mayor de lo presupuestado por el anterior Gobierno. La otra argucia ha sido evitar dar la cara para anunciar esa medida y que, así, a la mala noticia le pongamos la cara de la Vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, su más cercana  colaboradora durante estos largos años en que Rajoy esperaba pacientemente en los bancos de la oposición que cayera el fruto de la Presidencia del Gobierno, ayudado por la crisis económica y por la evidencia de las múltiples carencias de Zapatero, de las que ha terminado por darse cuenta todo el mundo.

Parece un sueño absurdo, pero sí, un tipo tan ligero y poco capacitado para gobernar como Zapatero ha presidido el Gobierno de España durante casi ochos años. Otra cosa son sus habilidades para embaucar a los votantes e ir salvando los muebles, sin más horizonte que conservarlos hasta el día siguiente en que ya se saldrá adelante como se pueda, para lo que a mi juicio ha demostrado un talento excepcional. Pero se trata de habilidades que sólo le aprovechan a él, pues lo que afecta a la gente es el buen criterio y el sentido de la responsabilidad para gobernar y esos, qué duda cabe, no eran los puntos fuertes de ZP. Sólo en su última etapa como Presidente, cuando ya sabía que no volvería a presentarse a las elecciones y arreciaban las presiones desde Europa para evitar que España caminase hacia la quiebra del Estado, adoptó medidas responsables. 

La "sorpresa" de la desviación del déficit no lo es tal porque donde se ha producido la desviación al alza del  déficit presupuestario ha sido, muy principalmente, en Comunidades Autónomas y en Ayuntamientos y el Partido Popular lleva años, o por lo menos meses, gobernando en la mayor parte de ellos. Por eso, no es creíble que no conociera la situación financiera de las mismas. Se trata de una excusa para justificar la mentira electoral de que no se nos iban a subir los impuestos.

No entro ahora en consideraciones sobre a quien corresponde la responsabilidad de haber llegado a esa  situación. Creo que los gobiernos de todo color han estado detrás de ello. Se ha gastado muy mal el dinero público, instalados en una cultura del derroche, flotando en la nube de la perpetua abundancia, en vez de considerar el dinero público como un recurso limitado y, además, ajeno, por lo que debe administrarse con especial cuidado y total transparencia. Basta pensar en la faraónica construcción de aeropuertos para los que no hay viajeros o en la concesión de las más variopintas subvenciones que, además, se reparten entre los afines, fomentando de paso su fidelidad y sumisión.

Y, a pesar de todo ello, no se observa en la calle, ni siquiera entre los que votaron a Rajoy, un verdadero enfado o decepción profunda y sentida por sus flagrantes mentiras en cuanto a que no subiría los impuestos. Se acepta que ha mentido como el hecho más natural del mundo, hasta el punto de que ello no merece ni la molestia de un reproche.

A mi juicio, esa tolerancia de las mentiras de Rajoy se debe en parte a la asimilación social de esta ya prolongada y profunda crisis económica en que estamos inmersos y,  más concretamente, a que muchos comparten la exsitencia de una verdadera necesidad de reequilibrar las cuentas públicas e impedir el riesgo de quiebra del Estado, aunque la medida vaya contra la inversión y el consumo y, en consecuencia, contra el empleo. Pero la acrítica y dócil aceptación de tan flagrantes mentiras se debe también a que buena parte de los españoles considera que es normal y aceptable mentir si a uno le conviene y le sirve para conseguir sus objetivos: ganar las elecciones en el caso de Mariano Rajoy. En definitiva, no se considera que el estándar ético exigible a los políticos, en particular, y a todas las personas, en general, conlleve la renuncia a valerse de mentirasY, consecuentemente, mentir le sale gratis al mentiroso. La proliferación de las mentiras de los políticos será la consecuencia lógica de esta forma de pensar. Y, yendo más lejos, las relaciones humanas deberán basarse en la mayor de las desconfianzas si la mentira es lo normal, lo cual es mucho más grave.  


La corrupción y sus nefastas consecuencias

Y tampoco cabe olvidarlo, se ha robado mucho, de las más variadas formas. La corrupción es muy grave porque pervierte el funcionamiento del Estado. Detrás de los gastos absurdos y desmesurados, de los que he citado tan sólo dos ejemplos notorios, se esconde con muchísima frecuencia el enriquecimiento de los políticos corruptos. Además, la corrupción pervierte la competencia entre las empresas, sirve de justificación moral a la defraudación de impuestos y, cuando se instala en las alturas de la política de un país, tiende a ramificarse como un cáncer por toda la Administración Pública e incluso por el conjunto de la sociedad civil.

Allá donde el mal de la corrupción se generaliza, la sociedad entera se degrada y empobrece. Es, pues, algo gravísimo y, con buen criterio, muchos ciudadanos lo consideran uno de los principales problemas de España, pero curiosamente, ni Rubalcaba, ni Rajoy mencionaron la corrupción en su debate televisivo. Sus respectivos partidos se han visto afectados por múltiples e importantes casos de corrupción y optaron por esa forma de engaño paternalista que consiste en no mencionar la verdad, en hacer como que el problema no existe y que el personal no recele más aún de los políticos ni se alarme.


El fraude fiscal en España

Otra lacra de la realidad española cuyo combate adquiere, además, especial importancia y justicia con la subida del IRPF es el fraude fiscal. Aquí abunda el dinero negro, los ingresos por los que no se paga la parte correspondiente al Estado y, por tanto, se pervierte la regla de que todos contribuyamos al sostenimiento de los gastos públicos con arreglo a nuestra verdadera capacidad económica. Parece que se han hecho algunos progresos en ese campo en los últimos años (aumento significativo de la recaudación por la Inspección de Hacienda) al haberse visto necesitado el Estado de obtener recursos financieros por el fuerte descenso de la recaudación por el cauce normal, lo que en ocasiones se llama eufemísticamente "pago voluntario". Sin embargo, el volumen de fraude fiscal existente en España es escandaloso, en términos de justicia contributiva y muy perjudicial, incluso, en términos de pura eficiencia económica y requiere, por tanto, que se multiplique la acción del Estado en la lucha contra el mismo. Ya que el progreso y extensión de una conciencia moral que llevara a que no se produjeran esos comportamientos es una aspiración inalcanzable, hay que actuar contra el fraude fiscal en dos frentes: políticas preventivas y políticas punitivas.

Hay que aprobar y, sobre todo, aplicar normas que traten de impedir la opacidad fiscal de una parte considerable de las transacciones económicas, es decir, hacer que defraudar sea más difícil. También hace falta que la Inspección de los Tributos e incluso la Fiscalía, en los casos más graves de fraude fiscal, incrementen su acción para descubrir y castigar el fraude fiscal y que, al menos, quienes tienen la posibilidad de cometerlo se lo piensen dos veces antes de hacerlo por el miedo a ser descubiertos y a las sanciones o penas consiguientes.

Veremos si las promesas en este campo se cumplen, incluso aunque sea en una medida mucho menor de lo deseable y necesario. Tampoco cabe esperar milagros; pero creo que la inmensa mayoría de los ciudadanos, que sí pagamos con arreglo a lo que ganamos, debemos exigir mucho más a los gobernantes a este respecto. Se puede hacer mucho más de lo que se viene haciendo. Los defraudadores también votan, es cierto, pero no son la mayoría y lo mínimo que cabe exigir a los gobernantes es que garanticen el cumplimiento de las leyes, incluidas las normas tributarias.

No se trata de una cuestión menor y no cabe una perpetua resignación en este campo de la mayoría silenciosa que cobra una nómina y dueña, si acaso, de algunos ahorros generadores de rendimientos del capital, por todo lo cual paga religiosamente su IRPF. En España hay mileuristas que pagan más impuestos que algunos cienmileuristas. Ahora que el Estado anda tan necesitado que no puede dejar escapar un céntimo de euro de ingresos fiscales, nos encontramos ante una ocasión perfecta para paliar la patológica difusión y dimensión del fraude fiscal en España.

Por último, si el dinero público se administra con razonable austeridad y se pone coto a la corrupción en la política y las Administraciones Públicas, se priva de coartada moral a los defraudadores.

No es que yo sea tan naíf como para creer que todos estos cambios se van a producir de la noche a la mañana, ni siquiera en el largo plazo y en la medida deseada; pero esta crisis económica nos está dando a todos algunas lecciones y puede ser una oportunidad para avanzar en la mejor administración del dinero público, así como en la lucha contra la corrupción y el fraude fiscal. La perseverancia de los ciudadanos en esas demandas es, por supuesto, esencial.

En el fondo, todos los problemas expuestos tienen su causa en la falta de ética, como ocurre también en notable medida con el origen de la actual crisis económica. Es evidente que detrás de la crisis económica se oculta una crisis moral. Pero la realidad es cruel y quienes más sufren la crisis son quienes no tienen culpa de ella. Algunos de sus causantes han percibido indemnizaciones millonarias, en unos casos, y en otros, han visto crecer sus ingresos e incluso algunos han sido premiados con puestos de responsabilidad en el Gobierno (me refiero al de los EE.UU.; pero no sé si aquí también tenemos un caso similar, ya saben de quien hablo...).


P.D. Por si os interesa profundizar un poco en la corrupciónadjunto un par de links ilustrativos y que afectan, en un caso, al PP y en otro al PSOE.

Un excelente reportaje que cuenta como se ha llegado al hundimiento financiero de la Comunidad Valenciana, publicado en El País, el 15 de enero de 2012, El Desvarío (Josep Torrent).

Y una aséptica entrada de Wikipedia sobre el escándalo de los ERE en Andalucía. "ERE Gate" o "Fondo de Reptiles"

Otro artículo sobre el recurso a la mentira en la política y, en particular, las mentiras y contradicciones de Rajoy sobre la subida de impuestos.
"La mentira política sale gratis" (Teodoro León Gross, Diario Sur)

jueves, 29 de diciembre de 2011

LO MÁS DESTACADO DE 2011 EN ESPAÑA Y EN EL RESTO DEL MUNDO

En este artículo hago un breve resumen informativo del año 2011. Repaso, a vuela pluma y sin más apoyo que mi corriente y moliente memoria, lo que me ha parecido más destacado de entre los hechos ocurridos durante 2011, tanto en España como en el resto del mundo. Finalmente, hago balance del primer año de vida de este blog: librosfutbolpoliticaymas.
 

El año 2011, en el cual la especie humana sobre la faz de la tierra ha alcanzado la nada despreciable cifra de  siete mil millones de individuos, está llegando ya a la línea de meta. Como ocurre con todos los años, éste ha estado plagado de hechos importantes, todos ellos dignos de mención por reducido que sea el catálogo que cabe en unas pocas líneas.
 

Lo más destacado en España durante 2011

A escala nacional, cabe citar, por supuesto, el recientísimo cambio de Gobierno, el anuncio de ETA del cese indefinidio de sus acciones terroristas (llamarlo "violencia" me parece suavizarlo en extremo), el terremoto de Lorca, la agudización de la crisis económica y, en particular, el aumento del paro que, junto con las mentiras al respecto de la economía (valga por todas, aquello de que ya empezaban a verse los primeros brotes verdes) se ha llevado por delante al Gobierno de ZP y al candidato Rubalcaba, los indignados del 15-M, la imputación de Iñaki Urdangarin (un episodio más de la generalización de la corrupción que existe en España y de la que no parece quedar institución a salvo), la veloz e indebatida reforma de la Constitución o la continuación de los éxitos del F.C. Barcelona, incluida la Copa de Europa en que eclipsó por completo al Manchester United, si bien con la excepción de la Copa del Rey en que fue derrotado por el Real Madrid, actual líder de la liga española, pero al que volvió a ganar en el Bernabéu hace unas semanas.
 

Lo más destacado en el resto del mundo durante 2011

En el ámbito internacional, cabe destacar, la crisis económica de buena parte de la zona euro, especialmente virulenta en el sector bancario y que ha castigado enormemente la deuda soberana de varios países; los alzamientos populares o revoluciones habidas en el mundo árabe y que se han dado en llamar "la Primavera Árabe"; el tsunami de Japón y subsiguiente accidente nuclear de Fukushima; el fin de la Guerra de Irak, escenificado recientemente con la salida de las tropas norteamericanas de aquel país; la muerte/ejecución/asesinato de Bin Laden y de Gadafi; la reciente sucesión del "Querido Líder" en Corea del Norte, con esas espeluznantes imágenes de cientos de miles de personas que lloraban (a mi modo de ver bastante teatralmente) la muerte de King Jong-il y homenajeaban a su tercer hijo King Jong-un, tercera generación de tiranos al frente de un país que tiene armas atómicas, un ejército de más de un millón de personas, donde se vulneran sistemáticamente los derechos humanos y una parte considerable de la población pasa hambre.

Por otra parte, los cánceres parecen haberse cebado con los dirigentes del Hemisferio Sur y en cuestión de unos meses han afectado a Lula Da Silva, Hugo Chávez y a Cristina Fernández de Kirchner. Por cierto, que también son un clásico de la historia de la humanidad las más peculiares teorías conspiratorias, como la que ha lanzado hoy mismo Hugo Chávez, al apuntar que quizás los Estados Unidos de América hayan inducido, de algún modo, la enfermedad de los citados jefes o ex-jefes de gobierno sudamericanos.

El mundo no se para jamás y también los obituarios han recogido, como cada año, su cosecha correspondiente. Así, a bote pronto, además de las ya citadas muertes del eterno fugitivo Bin Laden y del dictador Gadafi, ha tenido amplio eco mundial la muerte de Steve Jobs (su apellido es lo que falta en España), el fundador de Apple, un revolucionario de la informática y empresario de gran éxito.

En definitiva, muchos hechos relevantes, varios de ellos de los que andando el tiempo merecen, al menos, una mención en los libros de historia. En algunos casos aparecerán incluso como hitos que marcaron el inicio de una nueva época en diversos países o áreas geográficas y culturales.

 
2011, el primer año de vida del blog librosfutbolpoliticaymas

Este blog comenzó su andadura el 17 de enero de 2011 y con esta, suma 33 entradas. Su temática es muy variada, por deseo y pura apetencia o impulso de quien suscribe, a pesar de que la especialización funciona mucho mejor para hacerse con un hueco en la red y tener lectores fieles, según me repiten los que saben de esto de internet.

A lo largo de estos cerca de 12 meses he escrito sobre literatura, principalmente, reseñas de libros; sobre fútbol, procurando aportar un punto de vista algo diferente y alguna reflexión de más calado de lo que se estila en la información habitual sobre el deporte rey; sobre política, no mucho porque decepciona, frustra y, a menudo, aburre; sobre etimología y también sobre lo que cabría llamar pensamientos o reflexiones o temas variopintos que, con mayor o menor fortuna, me han movido a darle al teclado y compartir mi punto de vista con los lectores, fijos, esporádicos o accidentales de este blog.

El número de visitas, cercano a cinco mil, no es ni para tirar cohetes, ni para sentirse decepcionado. Sin duda, el artículo estrella ha sido el de las fotos en bikini de Leire Pajín, publicado en julio y al que debo casi un tercio de las visitas. Probablemente, es el más ligero o banal de todo el blog; pero así son las cosas. La imagen y los hechos de actualidad, con tintes de cotilleo o prensa del corazón, atraen a muchos internautas y para nada reniego de lo que escribí.

En todo caso, me ha resultado muy gratificante escribir este blog, recibir algunos comentarios de los lectores (estimulante feedback) y tener visitas desde muy diversos países, a veces muy remotos. Os agradezco a los que me habéis seguido vuestro interés por lo que escribo y, en algunos casos, vuestros elogios y felicitaciones. Las críticas, aunque muy escasas (exceso de extensión), también han sido bienvenidas. Espero continuar con el blog en 2012. ¡Aquí os espero!

¡Feliz 2012 a todos!

domingo, 19 de junio de 2011

Percival Peter Manglano, nuevo Consejero de Economía de la Comunidad de Madrid

Este artículo trata principalmente del nombramiento de Percival Peter Manglano como Consejero de Economía de la Comunidad de Madrid, un político que -¡oh, milagro!- sabe idiomas, no estudió Derecho y no hizo ninguna oposición estatal. Además, hay algunas ideas a propósito de la singularidad y sonoridad de su nombre. 

Carlos García, único concejal del PP en el Ayuntamiento de Elorrio, a la salida del primer pleno
(Para saber más de cómo actúan los amigos de los etarras)
Toman posesión estos días los nuevos gobiernos autonómicos y municipales. En algunos municipios del País Vasco asistimos a escenas que nos retrotraen a tiempos más oscuros, como por ejemplo en San Sebastián donde al Alcalde títere de Bildu, Izaguirre, le han colocado como “asesor” —un alcalde en la sombra/comisario político— a Josetxo Ibazeta, último portavoz de Batasuna  en el Ayuntamiento. Asimismo, varios ayuntamientos gobernados por Bildu han suprimido medidas de seguridad para los concejales y en Andoain la Alcaldesa ha prohibido la entrada de los escoltas a los edificios municipales.

En fin, nada que no resultara totalmente previsible cuando el TC dictó sentencia que permitió a Bildu presentarse a las elecciones municipales y al Gobierno obtener el vital apoyo del PNV para sacar adelante sus iniciativas en el Parlamento, previa aceptación adicional de unas cuantas transferencias de competencias. Ya traté este tema en un artículo anterior en este blog y hoy no quiero ponerme demasiado serio, pero ver a los cómplices de los asesinos, cuyas conductas son puramente mafiosas, de vuelta a las instituciones resulta nauseabundo.


Sobre lo que me disponía a escribir hoy es sobre Percival Manglano, el nuevo Consejero de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid. Lo de Manglano probablemente os suene por el teniente general Emilio Alonso Manglano, uno de los mandamases del CESID, junto con Juan Alberto Perote, cuando aquel vergonzoso episodio de las escuchas telefónicas a diversas personalidades de la vida española, incluido el rey. Por aquel entonces, el siniestro pianista Narcís Serra era Vicepresidente del Gobierno y, por supuesto, Felipe González, el Presidente. No sólo Franco sale bien parado en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, pues la entrada correspondiente a Felipe González, nada dice, por ejemplo, de los GAL. Pero volviendo a Percival Manglano, tranquilícense, este joven político, nacido en Londres en 1972, no tiene nada que ver con el otro Manglano.

Percival Manglano parece, a priori, un político atípico. Llama la atención ya por su nombre cuyo exotismo no se queda ahí, porque su segundo nombre es Peter (Percival Peter Manglano Albacar). Lo de Percival, que es el nombre de uno de los caballeros del rey Arturo, los de la famosa mesa redonda, supongo debió ser causa de no pocas burlas en el colegio y parece que tiene origen en la afición de sus padres a las historias sobre el Santo Grial. Y Peter, que redondea la singularidad del nombre, digo yo que sería un guiño a su nacimiento en Londres. Por cierto, sus dos primeras iniciales son PP…

Decía que PP Manglano Albacar es un político atípico por su formación. Toda su formación universitaria y de post-grado la ha adquirido en el extranjero. Concretamente, es licenciado en Historia por la Universidad de París I Panteón-Sorbona, en Estudios Europeos por el Instituto de Estudios Políticos de París y tiene, además, un Máster en Economía Internacional y Estudios del Sudeste Asiático por la Universidad John Hopkins (Maryland, Estado Unidos). Habla perfectamente inglés y francés. Vamos, que su formación está ligeramente por encima de lo que es habitual en los políticos patrios… Además, no tenía vocación de funcionario y no se ha presentado a ninguna oposición.

Lo que Manglano no tiene, y le hubiera hecho aún más atípico, es experiencia en el sector privado, singularmente en la empresa. Anteriormente fue el director general de Cooperación al Desarrollo de la Comunidad de Madrid (2006-2011), jefe de gabinete de la Consejería de Inmigración (2005-2006), asesor de asuntos exteriores y cooperación al desarrollo del grupo parlamentario popular en el Congreso de los Diputados (2004-2005) y coordinador de estudios en la Fundación FAES (2003-2004).

Otra peculiaridad del caballero Percival es que tiene ascendencia nobiliaria. Su padre es el XXI Barón de Terrateig. Esto es algo que quizá para el sector más rancio y tradicionalista de la derecha le añada valor y para la izquierda más tosca y recalcitrante sea motivo de animadversión y burla; pero creo que para la mayoría, para los que no comparten en absoluto esos desfasados clichés mentales, es irrelevante, simplemente una nota pintoresca. Otra nota singular es que Percival Manglano toca la batería en diversas bandas de jazz y, como podéis apreciar en este vídeo de Youtube, parece que no lo hace nada mal (se trata de una versión jazzística del famoso “Every Breath You Take” de Police). Eso sí, no se ve nada, la sombra lo domina todo.

Bueno, veremos qué tal lo hace Percival Manglano en una circunstancia económica  tan desfavorable como la actual; si sus estudios, su trilingüismo, su experiencia política anterior y, sobre todo, sus condiciones personales le permiten hacer un buen papel en el puesto de tan alta responsabilidad para el que lo ha elegido Esperanza Aguirre.

Por cierto, Percival Manglano tiene 39 años. Ya no sólo muchos universitarios y futbolistas me parecen prácticamente unos niñatos, sino que hasta todo un Consejero de Economía de la Comunidad de Madrid es más joven que yo. No sólo no soy nadie, sino que empiezo a asumir que nunca lo seré. Lo siento, mamá, tú que me veías siempre tan listo y con las grandes esperanzas que tenías depositadas en mi…

P.D. Si Percival Manglano se hubiera llamado Andrés o Juan o Manuel, probablemente, me hubiera fijado poco en él al leer la prensa. Moraleja (sobre todo para padres en trance de elegir nombre para su vástago): un nombre así puede ser una putada en el colegio; obligarte a repetirlo cada vez que alguien te lo pregunte, especialmente por teléfono; tienes que acostumbrarte a que lo pronuncien o escriban mal y aguantar siempre algún comentario allá donde te pregunten cómo te llamas, pero en aquellas carreras profesionales, como en la política (y en tantas otras), en las que la notoriedad es importante, un nombre así puede ser una ventaja.