domingo, 21 de febrero de 2016

Navidad Porcelanosa. Conversan Enrique y Vargas Llosa

¿De qué hablarán Mario Vargas Llosa y Enrique Iglesias cuando se reúnan? ¿Cómo podría ser una conversación cualquiera entre ambos, por ejemplo, cuando coman juntos? 

No sé por qué me dio por pensar en ello esta Navidad, sentado también a la mesa. Bueno, igual sí lo sé. Ahora que le doy una vueltecilla al tema me vienen estas posibles razones: 

(i) y quizás principal... porque las comidas navideñas suelen dejar muchos ratos muertos en que entregarse, con gozo y alivio, a las más caprichosas imaginaciones; 
(ii) porque el prejuicio existe y se me antojan una pareja muy dispar (soy gran admirador de la genialidad literaria de Vargas Llosa y de la profundidad de buena parte de sus reflexiones sobre arte, política o sociedad y, dicho suavemente, digamos que no tengo en alta consideración ni el intelecto, ni la curiosidad intelectual del hijo de Isabel Preysler y Julio Iglesias -probablemente sin excesiva justificación, basado en meros indicios o hasta puras apariencias); 
(iii) porque de golpe gente que jamás me habló de ningún escritor me comenta algo sobre Vargas Llosa -en esencia, alguna mención a su conocido y sorprendente nuevo amor, con un enfoque algo jovial y escoltada por una sonrisita algo maliciosa. 

Para bien o para mal, ya pasadas las navidades me sorprendí recreando un fragmento de esa muy hipotética conversación, cualquiera o aleatoria, entre el autor de "Conversación en la Catedral" y "La Casa Verde" -por citar dos de "las grandes"- y el autor o intérprete de "Experiencia religiosa", entre otras canciones. 

Y ahí va para quienquiera que se lo haya preguntado también alguna vez o le pueda interesar tan caprichoso ejercicio de la imaginación.
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- -   Mario, ¿sabes que mamá me regaló un par de libros tuyos?

- Y qué, ¿los has leído?

- Bueno, he leído uno. Ahora me estoy tomando un descansito después de tanto esfuerzo. Pero este verano quiero ponerme con el otro, ¡eh!

- ¿Y cuál es el que has leído, dime?

- Pues… ¡Uff! Espera, ¿cómo era…? No me viene ahora. Creo que se me ha olvidado el título, jejeje. Nunca he tenido muy buena memoria.

- ¿Recuerdas de qué trataba?

- Sí, eso sí, claro. A ver cómo lo digo. Yo diría que trataba de…la vida. ¡Eso es, sí! Trataba de la vida, como mis canciones.

- Así es, Enrique, todos mis libros tratan de la vida. Pásame el ceviche, anda. Veo que no lo has probado. ¿No te gusta el plato estrella de la cocina peruana? Porque a Isabel, tu mamá, le chifla, aunque lo toma sólo de a pequeños bocaditos. ¿Tú también eres así de mirado y disciplinado con la dieta?

- Bueno, yo es que ahora estoy en una etapa muy ‘veggie`.

- Qué, ¿atravesando un periodo de cambios en tu vida, Enrique? Eso me suena…

- Sí, no sabes qué mogollón tengo en la cabeza, uff. Me lo replanteo todo. Voy al armario y puff, me quedo así como parado. ¡Ahora mismo no sé qué look quiero! Y empezar así el día… Te aseguro que es una "nightmare".

- Sí, me hago cargo. Todo un dilema existencial, ¿verdad?

- ¡Qué bueno, Mario! “Dilema existencial”. Ahora mismo les mando un tweet a mis creativos de la compañía de discos. ¡Nos acabas de dar el título de mi próximo álbum!

- Y las canciones tratarán de la vida, me imagino. De la dificultad de las decisiones que se han de tomar, de las elecciones que hacemos, las dudas que algunas veces nos sobrevienen, las preguntas que se hace uno, la zozobra…

- ¡Jo, contigo da gusto hablar, ¿sabes?! ¡Qué rápido que lo pillas todo! ¡Es como si me leyeras la mente! “Zozobra”, esa también me mola para título de una canción, aunque no sé muy bien lo que quiere decir.

- Acércame, por favor, la fuente con mi cevichito del alma, que me voy a servir más, y ahora seguido te respondo.