sábado, 4 de junio de 2011

José Ortega Cano y Carlos "El Belga" (RIP)


Hace días que proyectaba escribir algo sobre el accidente de tráfico en el que estuvo implicado el ex-matador de toros y viudo de Rocío Jurado, José Ortega Cano, y un hasta entonces anónimo ciudadano, Carlos Parra, apodado "El Belga", que falleció a consecuencia del accidente. Su apodo le venía por haber nacido en Charleroi (Bélgica), hijo de emigrantes españoles. Cuando ocurrió el accidente, el pasado sábado 28 de mayo, Carlos Parra se dirigía a su puesto de trabajo en un hotel de Sevilla, donde había empezado a trabajar recientemente.

Ya ha ocurrido muchas más veces que cuando se produce un suceso que implica a un famoso y a un ciudadano común, a un gran desconocido del gran público, éste último es completamente ignorado por casi todos los medios de comunicación, como si su patrimonio, su integridad física, su felicidad y hasta su propia vida no importaran lo más mínimo, como si carecieran de cualquier valor e interés.

Parece mentira que con los progresos que ha ido conquistando una buena parte de la humanidad en materia de igualdad (aunque siga habiendo muchas diferencias, por ejemplo, las económicas), en el tratamiento informativo se produzca esta desigualdad radical, que supone el desprecio de los ciudadanos cualesquiera, de los que no van a los platós de televisión o si lo hacen se sientan en las gradas, y la desmesurada valoración de los intereses del personaje público o famoso, ignorando la esencial igualdad de los seres humanos.

Cuando, como ha ocurrido en este caso, el ciudadano anónimo ha perdido la vida a consecuencia de la conducta del famoso esa diferencia de trato resulta nauseabunda. No es de extrañar que algo así ocurra en la llamada "prensa rosa" (que más bien debería rebautizarse en prensa marrón por ser un hediondo desecho humano), a la que son consutanciales la vileza moral y la falta de respeto a la dignidad humana. También es destacable que mucha gente acepte esto sin la más mínima actitud crítica, pero eso es otro cantar, que nos llevaría por otros derroteros.

Sin embargo, en la calle, a poco que se indague, se aprecia como mucha gente se indigna (o al menos se siente molesta) por la injusticia que supone el menosprecio absoluto del ciudadano común y el que el  famoso sea el objeto único de la noticia. Aún queda mucho camino por conquistar en pos de la igualdad -no confundir con el igualitarismo a ultranza- y uno de los campos en que queda mucho por hacer es éste de la información cuando el azar yuxtapone o cruza las vidas del famoso y del ciudadano común.

Evidentemente, el hecho del accidente es noticia porque Ortega Cano estaba implicado en él, pero al lector, al oyente o al televidente le interesa saber quién era el fallecido y qué va a pasar con su familia. Y, sobre todo, quiere que la justicia actúe sin distinciones de ningún tipo, ni más implicable, ni más benigna porque el posible causante del accidente sea un famoso ex-matador de toros y viudo de una famosa cantante, prematuramente fallecida. El hombre de la calle quiere sentir que no hay impunidad si ha habido falta o delito y que la igualdad ante la Ley no es palabrería huera, sino una realidad.


Mi proyectado artículo iba a ir en la línea de recordar al ciudadano común, para mi tan importante como "el diestro" gravemente herido y cuya vida se acabó por la imprudencia de éste: aparentemente exceso de velocidad y, se apuntaba, posible ingesta previa de alcohol. La metáfora del débil frente al poderoso me la daba hecha la realidad, pues el potente y caro Mercedes de Ortega Cano destrozó el más liviano y económico Seat Altea de Carlos "el Belga", hasta el punto de que el motor de este coche salió despedido e impactó contra él un tercer vehículo. Pero, por lo que he leído recientemente, no hay aún información fiable sobre las circunstancias del accidente. Arremeter contra Ortega Cano me parecería injusto si nada de eso está aclarado, como sumamente injustos y repugnantes me parecen todos esos espacios informativos en que la víctima y su familia son completamente ignorados.

A José Ortega Cano le deseo que se recupere y si es culpable del accidente que responda por él, especialmente si había bebido más de lo permitido para conducir, aunque lamentablemente nunca se va a poder probar con rigor si, como parece, no se le pudieron tomar muestras de sangre (estaba más para recibirla que para extraérsela). Espero que si es culpable reciba un tratamiento de la justicia igual al de un ciudadano cualquiera: ni chivo expiatorio o castigo ejemplarizante, ni trato de favor. Y que la familia de Carlos Parra, alias "El Belga", a quien ya no tienen con ellos, reciba al menos una buena indemnización.

A pesar de lo expuesto, en este caso sí me he encontrado con alguna noticia en que se adoptaba la perspectiva del anónimo ciudadano. Espero que esta línea informativa se vaya extendiendo en el futuro. Desde aquí quiero poner mi modesto granito de arena en el recuerdo de ese ciudadano cualquiera, cuya vida se perdió en la carretera el pasado sábado 28 de mayo, justo cuando varios millones de españoles veíamos al Barça proclamarse brillantísimo campeón de la Liga de Campeones 2011 en el mítico estadio de Wembley.

Noticia aparecida en El Mundo sobre Carlos Parra (DEP)

Vídeo sobre el accidente

"El tema judicial" se está moviendo. Ya hay denuncia.  Actualización del 8 de junio de 2011

2 comentarios:

Basic dijo...

Esta claro, "el muerto" y D. Ortega Cano, la madre que los pario a to.

David dijo...

Así es Basic. Uno, Carlos Parra, apenas merece una mención y el otro, Ortega Cano, recibe toda clase de atenciones. Para colmo el que causó el accidente fue "D. José Ortega Cano". Si éste estaba bebido y conducía a una velocidad excesiva la justicia debería darle un buen palo.

A ver si por lo menos la familia de Carlos "el Belga" recibe una buena indemnización. Tienen que estar profundamente asqueados con el tratamiento informativo del accidente. Bastantes lo estamos y ni le conocíamos.

Ni que estuviéramos en los tiempos de la esclavitud. Sólo los amos eran personas, mientras que los esclavos eran considerados cosas, igual que el ganado, y los amos disponían de ellos a voluntad. Nada pasaba si un amo mataba a un esclavo.

Gracias por tu comentario. Me alegro de saber que hay más gente que no traga con esto.