sábado, 10 de diciembre de 2011

SEFARAD (Antonio Muñoz Molina)

Crítica, reseña o recensión de la novela "Sefarad" del escritor Antonio Muñoz Molina y valoración, justificadamente elogiosa, de la misma.  
 

Hasta el momento, no había leído nada de Antonio Muñoz Molina, más allá de algún artículo en El País. Algún amigo, también empedernido lector, me había hablado elogiosamente de su novela "La Noche de los Tiempos", de la que espero dar cuenta a comienzos de 2012, si los Reyes Magos se portan bien.


Quizá por ello o vete tú a saber por qué, de entre el amplio catálogo de libros disponibles en una biblioteca municipal, escogí "SEFARAD" y durante sus casi 600 páginas me he alegrado enormemente de la elección. Es de esos libros que te hacen recordar las palabras de Borges sobre que un determinado libro parece estar esperando a un determinado lector predestinado al mismo. Tal ha sido mi "comunión" con esta obra.

No es fácil describir Sefarad. Inluso su encuadre en el género de la novela no deja de generar dudas (ver nota al pie); pero dada la amplitud de este género y que su encaje en cualquier otro género sería más insatisfactorio, podemos dejarlo en que se trata de una novela. Su temática es proverbialmente amplia y por ella transitan personajes históricos como Lenin, Stalin o la Pasionaria, escritores como Kafka o Primo Levi y, en buena parte de sus páginas, el propio autor, así como diversos personajes anónimos de diferentes épocas del siglo XX. Sefarad contiene grandes reflexiones sobre la historia del pasado siglo y derrocha una exquisita sensibilidad por todas esas personas que vieron repentinamente truncadas sus vidas por sucesos históricos como la Guerra Civil española o la Segunda Guerra Mundial.

En particular, el libro nos hace sentir una enorme empatía por los judíos que sufrieron la persecución y el exterminio por los nazis, hechos atroces que el autor hilvana con mano maestra con la persecución que los judíos han sufrido en otros lugares de Europa y en tiempos muy anteriores, por ejemplo, con los tiempos de de su expulsión de España y, poco después, de Portugal. También hay referencias a los atroces castigos que convencidos comunistas sufrieron en la época de Stalin con nulo fundamento, por etéreas sospechas de traición e infidelidad a los ideales comunistas, sin que las víctimas de tales castigos llegaran nunca a entender qué habían hecho para recibir ese trato. En sus páginas sentimos como las bases sobre las que se asienta nuestra vida que con frecuencia tomamos por sólidas y duraderas son en realidad frágiles y pueden resultar efímeras o, al menos, verse trastocadas por completo de manera repentina.

Antonio Muñoz Molina también nos obsequia en Sefarad con agudas reflexiones sobre la llamada de la tierra de origen, la fuerza de los recuerdos de la infancia y primera juventud, sobre el vínculo con los padres y antepasados. Asimismo, expone certeramente los sentimientos que albergan quienes han pasado buena parte de sus vidas en dos países. También hay pensamientos profundos acerca de las enfermedades graves y, en especial, sobre esa invisible, pero insalvable frontera que separa a quienes están sanos y piensan seguir viviendo por muchos años de aquellos otros que saben que padecen una grave e incurable enfermedad y que caminan aceleradamente hacia la muerte. También abundan en Sefarad brillantes descripciones del paisaje urbano de algunos barrios de Madrid en diversas épocas y apuntes sobre muy diversas ciudades desde Tánger a Viena o Moscú. Hay incluso algunas alusiones a la brutal represión de Videla en Argentina o al cruce desde el otro lado del telón de acero a la Europa libre, todo ello de la mano de múltiples y variadísimos personajes en cuyas mentes se adentra el autor y que nos hablan en primera persona, en vivos monólogos y narraciones de escenas en las que, por la maestría del escritor, parece que los personajes hablan entre sí, sin que en realidad la novela contenga un solo diálogo en sentido formal. Hay en la obra abundantes referencias autobiográficas, como el día a día de un funcionario en una ciudad de provincias española y el contraste entre la vida en una ciudad de provincias y en la capital de España.

En definitiva, una obra proteica, poliédrica, inmensa en su alcance, de la que puede decirse que lo abarca todo, profunda, brillante, escrita con gran belleza, por momentos poética, absolutamente libre en su estructura, la cual enlaza múltiples relatos, que nos revela, a quienes no lo habíamos leído, a un fabuloso escritor y nos incita a leer otras obras suyas.




Nota.- Sobre el género literario de Sefarad, en brillante síntesis que ojalá se me hubiera ocurrido a mi cuando redacté esta reseña: Antonio Muñoz Molina "ha explorado la intersección entre ensayo, confesión y relato" (Jordi Gracia; Babelia nº 1.051, diario El País, 14 de enero de 2012). 

2 comentarios:

Andrés dijo...

Yo, en cambio,he leído La Noche de los Tiempos pero no Sefarad. Disfruté tanto de la primera que me apunto la segunda, de la que he recibido otros comentarios elogiosos; pero me temo que por otra lecturas en curso y aplazadas y otros proyectos no podré abordarla hasta dentro de unos meses.

Un abrazo y gracias por el comentario.

Andrés.

David dijo...

Gracias a ti, Andrés.

Ojalá que puedas leer pronto Sefarad y que te guste tanto como a mi (o más).

Un abrazo,

David