sábado, 12 de marzo de 2011

Torrente, un fenómeno social

TORRENTE 4: LETHAL CRISIS

Desciende el número de espectadores que van a los cines. El cine español pierde cuota de mercado. El público le vuelve la espalda. Pasan los Goya sin pena ni gloria, con la polémica entre Alex de la Iglesia y la ministra Sinde, que ni nos va, ni nos viene. Los premios se los lleva en bloque la película catalana "Pa Negre" (Pan Negro), de la que todos hablan maravillas y... estoy esperando conocer a alguien que haya ido a verla para preguntarle. 

De pronto, todo eso cambia. Reaparece Torrente, un personaje que ya se ha incorporado al imaginario español, como Don Quijote o Mortadelo y Filemón. Vuelve a haber colas para sacar las entradas. Las salas se llenan. Una película española acapara tal cantidad de ellas que condena a ser ignorados, cuando no imposibilitados, a los demás estrenos. Y, nadie lo duda, es una mala película. Al parecer es un público mayoritariamente adolescente el que puebla las salas. Los que más salen de casa, dicho sea de paso. Son chavales que aún usaban chupete cuando comenzó la saga con "Torrente: El Brazo Tonto de la Ley" (1998). Todo lo cual refuerza que estamos ante un personaje "mítico", alguien que ha calado en la sociedad española. Estamos, sin duda, ante un fenómeno de masas, todo un fenómeno social.

Que Santiago Segura, quien ejerce encantado su rol de "cachondo oficial", se lo sabe montar, que rentabiliza al máximo su talento, su trabajo y su dinero, está fuera de dudas. Utiliza recursos fáciles como repescar a conocidísimos actores ya fuera de la circulación (Tony Leblanc o Fernando Esteso) y personajes de la prensa rosa y la telebasura (Paquirrín, Belén Esteban, Ana Obregón), cameos de futbolistas (Kun Agüero), tías buenas, incluida una actriz porno (María Lapiedra), escenas,  conversaciones y alusiones de temática sexual y la música de un cantante de éxito, macarilla, horterilla y de escasas luces (David Bisbal), el cual encaja muy bien con el resto de personajes. Cuenta, además, con una atención mediática incomparable a la de otras películas. El estreno de "Torrente 4: Lethal Crisis" ha sido todo un acontecimiento de sociedad, repleto de personajes de"alto standing" mediático.

Estamos, pues, ante un fenómeno social que no se explica exclusivamente por esos recursos antes enunciados porque, además, la atención mediática tiene su causa en el éxito de las anteriores entregas de la saga y en el interés previo del público por esta cuarta entrega, sin perjuicio de la retroalimentación de ese interés que la amplísima cobertura mediática conlleva. Así que cabe preguntarse, diría que es imperioso incluso hacerlo,  ¿por qué gusta tanto Torrente a los españoles?

Una primera razón que se me ocurre es la escasez de películas de humor, en especial, españolas. Las ganas que tiene el público de reírse y de hacerlo con personajes patrios, con tipos que deambulan por nuestras estrechas aceras y no por anchas avenidas, que estudian en institutos y no en un High School, que viven en pisos y no en chalets, que tienden la ropa, bragas y calzoncillos incluidos, en las cuerdas del patio y algunos, incluso, en la terraza, en plan decorativo. Pero esa explicación es manifiestamente insuficiente. Habría que preguntarse, además, por qué triunfa ese tipo de humor, zafio, basto, tosco, chusco, carente de todo pulimento o sutileza y muy previsible, mientras que otras películas con un humor de otro corte no lo hacen.

El público español se divierte con el arquetipo del español vulgar, hortera, zafio, primario, rastrero y, en suma, casposo, que representa Torrente. Se recrea en esa zafiedad, en la fealdad externa e interna del personaje y la de los espacios físicos en que se mueve, aunque con ciertos cambios en las entregas sucesivas de la saga, pasando del barrio popular al lujo marbellí, nulamente estéticos ambos. Entregas posteriores que han derivado, asimismo, en la burla del cine de acción, en la parodia de sus personajes simplones, apenas esbozos de personas, de sus manidas persecuciones automovilísticas, explosiones, disparos, etc. Hasta los títulos de ese género -que infantiliza al espectador con el esquema de buenos y malos con victoria infalible de los buenos- son hilarantes y de ahí el chistoso "Lethal Crisis" que, por contraste con el hispánico Torrente, resulta de gran comicidad. 

Al público español le gusta recrearse, deleitarse con el antihéroe José Luis Torrente. Algo hay en el alma hispana que este tipo de personas casi despiertan simpatía y hasta ternura. Diría que hay un cierto componente de identificación innegable. En algunos casos, puede haber una identificación directa. No en vano vivimos la exaltación de lo hortera, la exhibición orgullosa y agresiva de lo barriobajero, al estilo de "la princesa del pueblo". En otros casos, puede ser que se aspire a ser así, en el sentido de romper radicalmente con el molde de lo políticamente correcto, de atreverse a ser genuino, espontáneo, natural, uno mismo contra viento y marea, aun a fuerza de resultar patético y lamentable en el caso de Torrente. Ser, digamos, el anti-anuncio, el anti-climax. Encarnar orgulloso la imperfección consustancial al ser humano, en contra de las fuerzas estandarizadoras y de perfeccionismo aparente que presionan con gran fuerza al individuo contemporáneo. Torrente es lamentable, penoso, repulsivo, sí, pero es auténtico, natural, original, es una persona y no un clon y le importan un comino un sinfín de convenciones sociales.

Aparte de ello, a los españoles nos va mucho lo grotesco, lo esperpéntico, lo aberrante. Hay cierta semejanza entre Torrente y el esperpento de Valle Inclán o el realismo social de Berlanga, salvando grandes distancias de talento, creatividad y valor artístico, es obvio. Torrente es el "freaky" español contemporáneo por antonomasia. Es un colgado, un fracasado, una bola de sebo con cuatro pelos en la cabeza, mal vestido, mal hablado, putero, borracho, vago, cobarde. Su enfoque del sexo es totalmente soez (fetichismo por las bragas, gusto por la pornografía, recurso constante a la prostitución), frustrado (su "performance" sexual es lamentable), machista (la mujer como mero objeto) y, además, hipócrita y contradictorio (presume de masculinidad, zahiere la homosexualidad y, sin embargo, en alguna medida, la practica o la desea).

Creo que fuera de nuestras fronteras al público le resultará más bien infumable. La saga está llena de referencias a la realidad española, con apariciones estelares de personajes absolutamente desconocidos más allá de los Pirineos y, sobre todo, requiere esa disposición del alma que implica regocijarse en el esperpento, amar, en alguna medida, lo que debería causar rechazo.

Sin embargo, el antihéroe tampoco es patrimonio exclusivo español. Por ejemplo, hay una magnífica novela norteamericana, "La Conjura de los Necios" ("A Conspiracy of Dunces"), cuyo personaje central, Ignatius J. Reilly es un antihéroe. Es un colgado, un inútil, un tipo de treintatantos o "cuarenta y" que vive aún con su madre. Es sucio, guarro, rastrero, vil. Tiene la cabeza plagada de ideas inconexas, las cuales componen una ideología delirante. Es alguien que concentra, digamos, toda la conformación negativa que la sociedad norteamericana de aquel tiempo (creo que los 60 ó 70) podía causar sobre un individuo. Es despreciable en todo su ser, repugnante en su aspecto y costumbres y, sin embargo, despierta cierta simpatía y hasta ternura. El protagonista tiene hasta una estatua en Nueva Orléans, la ciudad donde transcurre la acción.

Por cierto, el autor de esa novela (John Kennedy Toole) se suicidó en 1969, a los 31 años, ante el rechazo contumaz de las editoriales a esta novela, la cual fue "descubierta" por el novelista Walker Percy , al que la madre del fallecido autor le insistió mucho en que leyera el manuscrito. Fue publicada en 1980, ganadora del premio Pullitzer 1981 y, a la postre, un best-seller mundial.


6 comentarios:

pobrecito hablador dijo...

Hola. Yo también he llegado a conclusiones semejantes en mi artículos "Torrente y la tradición literaria española" en mi blog articulospobrecitohablador.blogspot.com
Juan

Sap. dijo...

.
Certera glosa con la que no puedo estar más de acuerdo, David. Pero con todo, incido en que José Luis Torrente es un personaje de gran riqueza, nada plano si lo comparamos con los tradicionales roles que encaraban algunos de sus predecesores. Y Santiago Segura un tipo sin duda inteligente y con talento; su mordacidad en el retrato de la sociedad en la que se mueve su personaje no es ajena, como bien dices, al valleinclanesco esperpento.

(Por otro lado debo confesarte que no pude con Ignatius. Tuve que dejar por imposible sus aventuras a mitad de la novela).

:-)

MJGE dijo...

Sin contradecir vuestras opiniones, tengo que decir que no trago a Torrente igual que no trago a José Mota; no me hacen gracia.
Sus personajes de catetos resaltan la zafiedad y la casposidad, en la linea de Esteso y Pajares, cuando tenían antecedentes mucho más ilustres que destacan la sabiduría popular de esos mismos catetos: el Sancho Panza de Cervantes o la Doña Rogelia de Maricarmen, por ejemplo, y muchos más.

David dijo...

Quizás no lo veo tan rico en matices como tú, pero si pensamos en predecesores, como los que comenta MJGE (los personajes de Esteso y Pajares), está claro que Torrente es mucho más complejo, que da una visión mucho más amplia de la sociedad y se ríe de ella, digamos que con una inteligencia que Segura se empeña en esconder.

A mi se me quedó grabada esta escena, creo que es de la primera de la saga, en la que patrulla la ciudad en ese rancio Seat, con la banda sonora del Fary, con esa letra cómica que pretende homenajear a la policía, y Torrente va viendo toda clase de tropelías (robo, peleas, agresiones), no actúa, ni se le pasa por la cabeza meterse, y acaba cebándose con un pobre hombre, inmigrante, vendedor callejero de bocadillos y latas de bebida.

http://www.youtube.com/watch?v=HdFm1-1epgE

Sobre Ignatius (protagonista de La Conjura de los Necios), inciso que incluyo para el improbable caso de que alguien más leyere este comentario, sólo puedo decirte que la leí hace ya mucho tiempo, aunque creo haber repetido, también hace mucho tiempo. Quizás, hoy, creo que con un gusto literario más desarrollado, no me gustara. A mi mujer, por ejemplo, le pareció horrible.

Mi recuerdo es de un retracto muy lúcido de ciertas formas de desquiciamiento colectivo de la sociedad norteamericana de su tiempo. Pienso que las editoriales fueron injustas no publicándoselo a John Kennedy Toole en vida. Me reí mucho con él.

David dijo...

Como acabo de escribir en respuesta al comentario de Sap, pienso que Torrente, sobre todo en sus inicios, es un personaje muchísimo más conseguido que los personajes elementales y simplones que representaban Esteso o Pajares, por lo que recuerdo de ellos. Ninguno se ha incorporado al imaginario colectivo, como sí lo ha hecho Torrente.

Efectivamente, resaltan la zafiedad y la casposidad, se recrean en ella, pero ese recrearse puede interpretarse como alabanza o como crítica o, quizás, una mezcla de todo ello que no pretende plantear ninguna tesis, ni moraleja. Es una deformación, por exageración, de la realidad, pero hay especímenes humanos no muy alejados de Torrente.

En "el pueblo llano", hay de todo, hay sabiduría y hay estupidez también.

No soy buen conocedor del Quijote; pero a mi Sancho Panza no me resulta muy grato. Su sabiduría tan rasante no me convence. Prefiero mil veces la locura elevada, la nobleza y la ingenuidad, incluso, de don Quijote.

A doña Rogelia la tengo un poco olvidada, pero no la recuerdo especialmente profunda.

En cuanto a José Mota, por continuar el catálogo de opiniones, cual tertuliano radiofónico pues de todo emiten un juicio los de ese gremio, creo que se exagera su mérito como humorista porque hay en el público mucha necesidad de humor. Algunos de sus sketches sí me parecen bastante meritorios, otros muy reiterativos y sin gracia. Me da la impresión que el público está decidido a rendirse desde el principio, digamos que dispuesto a reírse con premeditación. También puede ser, pura y simplemente, que mi sentido del humor sea diferente, como parece ser tu caso, aún más claramente.

Gracias por el comentario. Me gustó el relato que publicaste en la web de Antonio Muñoz Molina, por las razones que allí expuse.

Un saludo.

MJGE dijo...

En realidad no puedo opinar con mucho conocimiento de causa porque habré visto una o dos películas de Torrente.
Cuando dije en mi comentario que no contradecía vuestras opiniones, quería decir que estoy de acuerdo en que el personaje es una caricatura que refleja bien algunos (o muchos) de los que componen la sociedad española.
Lo que echo en falta, tanto en Torrente como en los personajes de José Mota es, posiblemente, lo que tu llamas plantear una tesis, el posicionamiento del autor, el compromiso, el mensaje, llámalo como quieras. Sólo se busca la risa y la risa fácil, nada más. Cierto es que la risa es una buena terapia; pero, en este caso, una terapia meramente física, no alcanza al ámbito mental. Admito, como mucho, que el autor diga: ahí pongo el esperpento y que cada uno saque sus conclusiones, pero me parece poco bagaje para un personaje y para su autor, prueba de ello es el tipo de público que lo sigue, aunque, debo decir que, a raiz de estos comentarios, me ha sorprendido que admitiera un análisis "intelectual" como el que habéis hecho y, de hecho, la próxima vez que lo vea me sentiré obligado a buscarle ese interés que vosotros le encontrais.

Saludos.